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El “Dedo Acusador”

Cada día que pasa que voy dando más cuenta de las incongruencias del mundo y su gente.

Hoy en día, el tener una forma de pensar diferente, no normativa, o como lo quieras llamar y unos ideales distintos casi al resto de la sociedad (entendiéndose “resto” como la mayoría de personas) hace que la gente se sienta superior.

¿Por qué digo esto? Pues porque el ser “distinto” hace que la gente te cuestione, y no humildemente como tendría que ser, sino de una forma acusadora, lo que hace que tú te posiciones en un rango de inferioridad y el “dedo acusador” se crezca por ser quien ejerza su poder de oyente.

En ciertos pensamientos en los que los grupos enfrentados son muy distintos en número (hay una mayoría y una minoría muy notoria) se ve perfectamente esas “cuestiones acusadoras”.

El simple hecho de que te digan – “Pero ¿Tu por qué…?- ya es una forma de acusar, dependiendo claro está del contexto de la pregunta. Un ejemplo, – “Pero ¿Tú porque te hiciste vegetariana?”-. Es una manera de acusar el pensamiento de esa persona consciente o inconscientemente. Si yo llevo a cabo algo es porque tengo unos pensamientos propios. ¿Soy diferente? Acaso yo pregunto “¿Y tú por qué eres carnívoro?” No, no lo pregunto porque cada persona cree en una cosa y no me pongo a cuestionar lo que haga. (Después acaban soltando el rollo de la cadena alimentaria, que si el cuerpo necesita tales nutrientes… bla bla bla…) Y ya en sí, que te justifiquen tu propia actuación en comparativa con la de ellos es un intento de convencer al otro de que su acto no es correcto. “Es que las personas necesitamos comer carne para sobrevivir”. Pues muy bien amigo, cómetela tu que así me muero antes y no te tengo que escuchar.

De este modo, otro ejemplo puede ser – “¿Pero por qué crees en Dios?”-. Este no es mi caso, pero igualmente creo que cada persona creyente que escucha esta pregunta tiene que sentirse como si estuviera haciendo algo malo. Una cosa es que critiques a la Iglesia, pero otra es que derrumbes los ideales de la gente.

Acaso ellos van preguntando “¿Pero y tú por qué no crees?” Yo, por lo menos no he escuchado esa respuesta, y si la escuchara entendería que es una estrategia defensiva. Tú estás cuestionando su porqué, pues él/ella hace lo mismo invirtiendo la pregunta.

Y como he dicho al principio, creo que el “dedo acusador” es en sí una técnica de superioridad. Yo te pregunto sobre algo que no lo termino de entender y tú con tu respuesta me tienes que convencer. No perdona, yo no te tengo que convencer de nada, es más, no sé si contestarte incluso. ¿Acaso alguien te ha dicho que yo quiera compartir el por qué de mi manera de actuar contigo?

Quizás estos sean ejemplos extremistas, pero hay ejemplos de menor grado.

“¿Por qué estas estudiando tal carrera?” Porque no sabía qué hacer con mi tiempo libre y no me cogieron para presidente, no te jode…

“¿Por qué vistes así?”

“¿Por qué? ¿Porqué?…”

Si pasamos a escalas mayores, hablar de política sería uno de los grandes ámbitos del “dedo acusador”. En este caso, si hablamos de las dos grandes potencias, el número de personas en los grupos enfrentados, en este caso, sería más o menos equitativo.

Aquí, existe una recursividad de ambas partes. La cuestión es aplicable tanto a uno como al otro. La pregunta formulada es un intento de convencimiento de la parte que acusa. Es decir, yo te pregunto porque quiero convencerte de que tu posición no es la correcta. O bien, te pregunto para que intentes darme unos buenos motivos de tu decisión sobre el partido al que defiendes.

Es, en cierto modo, adoptar una postura infantil: “Pues el mío el mejor” “No, el mío es mejor que el tuyo…”

Al fin y al cabo, es cuestionar la opinión del otro, manteniendo la tuya siempre por encima, considerándote mejor, superior…

En mayor o menor medida, todos hemos caído alguna vez en el error de cuestionar a los demás. Quizás necesitemos sentirnos de vez en cuando superiores, o quizás no toleramos la manera de pensar de la otra persona…

Sea cual sea el motivo, siempre contiene un sentido de rechazo, y quizás eso haga que vea el mundo cada vez  más autoritario  e irritante.