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La indefensión aprendida de nuestros tiempos

Hoy os quiero hablar de un tema que se aborda en gran parte de la vida de las personas, aunque muchas veces de forma inconsciente como veremos más adelante. Es un tema que también hace su presencia en diferentes planos sociales, no sólo el personal, sino también el colectivo.

Del concepto que os vengo hablar es de la indefensión aprendida (learned helplessness).

Fue postulada por el psicólogo y escritor norteamericano Martin Seligman, donde en un experimento con dos grupos de perros en diferentes jaulas podía comprobar cómo este fenómeno se manifestaba, provocando diferentes reacciones comportamentales. Los grupos tenían diversas características:

Grupo 1: El perro se encontraba dentro de una jaula, donde cada cierto tiempo recibía una descarga eléctrica. El animal tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga.

Grupo 2: Misma situación que el anterior, con la diferencia de que el animal no tenía medios para evitar esa descarga. Hiciera lo que hiciera siempre recibía la descarga.

Posteriormente, al grupo 2 se le dió la oportunidad de accionar la palanca para evitar la descarga. Lo que sucedió fue que los animales no mostraron ningún tipo de respuesta. Habían aprendido que no podían evitarla, y precisamente ese estado de inactividad fue lo que explicó el fenómeno de la indefensión aprendida.

Podemos resumir por tanto, que la indefensión aprendida se basa en un estado donde el sujeto no INTENTA escapar ni evitar una situación o estímulos aversivos (perjudiciales) aunque tenga la oportunidad de hacerlo, ya que se ha visto condicionado por una experiencia previa con resultados fallidos.

El sujeto siente que nada de lo que haga supondrá un resultado favorable para su situación, no experimentará ningún efecto cambiante en el ambiente y tomará su conducta como irrelevante (sin control sobre el medio), lo que le llevará a la inactividad de respuestas. Se puede considerar como un déficit en el aprendizaje posterior, es decir, hace que sea más difícil aprender que se puede detener o evitar esa situación aversiva.

Podemos apreciar este fenómeno no sólo en conductas animales, sino también en humanos. Para ilustrarlo mejor os voy a dejar un vídeo que refleja perfectamente este comportamiento de bloqueo. Se trata de una profesora que induce a un grupo de alumnos la indefensión:

Cuando estamos sometidos a una situación incómoda o dolorosa en la que no tenemos el control, podemos hablar de indefensión aprendida. Como es inútil luchar, dejamos de hacerlo, y aunque más adelante nos surja la ocasión de cambiar las cosas ya no nos molestamos en intentarlo, porque lo asumimos.

Hay veces en las que las situaciones son bastante graves.  Supongo que todos hemos oído alguna vez algún caso sobre violencia (pongamos en una pareja) en la que la persona “se dejaba” maltratar. Hay que tener mucho cuidado en estos casos, ya que la persona, además de estar hundida físicamente, lo está moralmente. La víctima acaba pensando que es inútil resistirse y acaba abandonando la posibilidad de buscar una vía de escape.

Ahondando aún más en el tema, podemos apreciar el fenómeno de la indefensión aprendida en hechos históricos de la humanidad tan atroces como fue el holocausto judío. Este hecho se me viene a la cabeza a raíz de ver el otro día la película “El Pianista” por segunda vez.

Muchos nos habremos preguntado alguna vez “¿Cómo es posible que miles y miles de personas (unos 6 millones para ser más extactos) fueran llevados a campos de concentración, cámaras de gas, asesinadas y torturadas sin que nadie pudiese hacer nada para evitarlo?” o “¿Por qué los propios judíos no se rebelaron para plantarles cara a sus opresores si les superaban en número?”

Quizás podríamos encontrar un leve destello en la célebre frase de Edmund Burke (1729-1797), que decía:

 “La única cosa necesaria para el triunfo del mal es que las personas buenas no hagan nada”

Sí que hubo algún enfrentamiento y actos de rebelión por parte de los judíos, pero no fueron los suficientemente fuertes para acabar con la barbarie.
Quizás las falsas expectativas y la idea de que la sumisión y el trabajo podían ser causas de salvación, fueron algunas de las barreras que impidieron una revolución a gran escala. Por no hablar del agotamiento físico y psicológico que dificultaba cualquier expectativa que fuese más allá de garantizar la supervivencia del día a día.

Los judíos eran conscientes de la situación de injusticia hacia ellos y quizás aguardaban la posibilidad de que sus opresores tuvieran algún límite que terminara con tal tortura. Pensaban que cualquier respuesta era inútil y que actuar contra ellos agravaría aún más el problema.

Después de este salto al pasado, quiero volver a nuestros tiempos, como bien dice el título del post. A nuestro presente. No parece tan descabellado establecer una analogía entre esta situación del pueblo judío y la del pueblo español, donde nos encontramos inmersos en una crisis económica. Hablamos de establecer una comparativa entre ambas reacciones, no entre ambas situaciones, que distan mucho entre sí. (Hay que dejarlo claro).

En España la cifras de paro oficiales alcanzan ya cotas desorbitadas, tenemos unos servicios sociales cada vez más deficitarios, los impuestos se incrementan más y más, los recortes son cada vez más notorios, ¿sanidad y educación? mejor ni hablar. Los jóvenes (la generación más preparada) con formación e idiomas emigran, los jóvenes con formación y con no muy buen nivel de idiomas quedan atrapados en el país. No encuentras trabajo porque no tienes experiencia, y no tienes experiencia porque no tienes trabajo. Los ancianos cobran pensiones de 400 euros, necesitan medicarse (como seguramente todos debamos hacerlo el día de mañana), pero suben los precios, y si quieres un especialista no hay, recortes… menos personal… “Aguántese y no se queje” sería el lema. La justicia juzga y condena a jueces que investigan casos de corrupción y crímenes; y en cambio deja a asesinos y corruptos en libertad. “Apoyamos lo ilegal, condenamos lo legal” sería aquí el lema. La monarquía tiene a uno de sus miembros imputado por estafar y hacer negocios sospechosos. Otro de la monarquía “lo siente mucho y dice que no volverá a ocurrir” Se desahucia a la gente que no puede pagar la hipoteca, se quedan sin casa pero siguen manteniendo la hipoteca.

Muchas personas y familias están al borde de la exclusión social. El dinero (que no el derroche) da oportunidades. Dicen que el futuro puede ser peor, y ahí llega el sentimiento de frustración, de fracaso y de impotencia.

Muchos de nosotros tenemos asumida esta situación de descontrol, algunos hasta creen que la merecemos.  Pero existe otra parte de la sociedad. La que dice que nos representan, y que representa todo lo que se ha expuesto anteriormente. Estas personas que parecen estar en otro mundo paralelo, donde no ves la crisis reflejada en sus ojos. Algunos trabajaron, estudiaron y se formaron, y la mayoría mintieron y estafaron, así que por supuesto tienen un buen puesto (“de trabajo”). Podríamos dedicar una líneas al concepto de trabajo para ellos, pero no creo que sea necesario. Lo que sí diré es que a mí una persona que dice estar representando un país en crisis, tenga las arcas de su bolsillo a rebosar gracias al dinero público, me parece la mentira más grande que hay.

Pero claro, realmente la culpa es nuestra. Nosotros votamos una y otra vez  a quienes nos han dejado esta situación. Hemos sido una pelota para ellos, de un lado para el otro, con un intento de convencimiento de que tienen la solución. Piden esfuerzos y que nos apretemos el cinturón, pero ellos lo llevan bastante suelto.

Ocultan la verdad y manipulan la información No les interesa que tengamos conciencia. No le interesa que seamos personas. Una cita muy acertada que dijo Henry Ford fue la siguiente:

“Es bueno que los habitantes de la nación no entiendan nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo hicieran, creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana.”

Y no se equivocaba.

Los alemanes tenían la estrategia del terror instaurada, y los judíos la indefensión aprendida. Finalmente alguien se apiadó de ellos.

Los dirigentes políticos españoles tienen la estrategia de que hemos vivido bien y ahora hay que sacrificarse, y los españoles la indefensión aprendida. Para salir de esta situación nadie se va a apiadar de nosotros, si no lo hacemos nosotros mismos.

Hay que cambiar de estrategia, no sentirnos indefensos y actuar.