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Tic Tac

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Me despierto, resignándome a abrir los ojos. … Silencio… Me concentro. …. tic…. tac …. tic …. tac ….

Intento abrir los ojos, debe ser aún de noche. La farola de la calle sigue encendida. No puedo ver más allá.

Creo que hoy te soñé, no lo sé, quizás es que ya no se cumplirán más sueños. Deslizo la mano hacia la otra esquina de la cama, buscando un suspiro de aire que me de tranquilidad…. Solo encuentro frío…. Retrocedo…. Mi parte está caliente, me siento bien, es mi cueva.

La melodía del tiempo sigue cantando … tic …tac ….tic …..tac…. Me concentro….. El mundo comienza a levantarse, coches, peatones… Yo sigo en mi cueva. Puedo escuchar al vecino. Su despertador. Resuena su voz por las paredes.

Intento seguir con el sueño, quizás te dejé indefenso en él. No puedo. Doy vueltas por la cama. ¿Que hora es? Enciendo el reloj, pero me ciega. Lo intento de nuevo. Las siete y cuarto. Todavía es temprano.

Entre las cortinas puedo ver cómo empieza a mostrarse la claridad de la mañana. Es un nuevo día. Me resigno, pero me levanto. Salgo de mi cueva. .. Frío… El suelo no suele agradecer la calidez de la mañana.

Entro en el baño y me miro al espejo – Hola, ahí estás- Otro día con la misma cara. El agua está helada, pero no sienta mal.

Voy hasta la cocina, enciendo la luz, esas luces que sólo tienen las cocinas y que no suelen ser muy cálidas a la vista. El aroma del café avisa de que hoy hay que hacer cosas importantes. El mundo espera que le aportes algo. Habrá que hacerle caso. Pero no sé si él querrá devolvérmelo pronto. Agarro la taza entre mis manos… Está caliente… El café tiene un sabor suave que te invita a reflexionar en todo lo que has hecho… Recuerdos…. No sé si sigo soñando.

Entro en el dormitorio. Miro mi cueva. Ya debe haberse enfriado. Escucho ruidos en la calle, niños, perros, coches… Parece que no estoy sola…  Me quito la ropa… Desnuda frente al espejo, puedo ver tu reflejo. Noto tus dedos, cálidos, acariciando mi cuello y deslizándose hasta la parte más baja de mi espalda, mirándome con esa carita de niño bueno y con esos ojillos que sólo los enamorados saben. Me giro… No estás… En mi espejo tampoco. ¿Sigo soñando?

Me visto, siento la ropa fría. Me concentro… el tic tac sigue sonando, sonido incesante de que la vida sigue pasando.

Me vuelvo a mirar al espejo. -Creo que ya estoy lista- Cojo el abrigo y abro la puerta, dejo atrás mi cueva, en la que tanto te he soñado.

Cruzo la puerta, el frío me abofetea, y me uno al tumulto de personas, cual borreguito con su rebaño.

Ya no escucho el tic tac… Me concentro… ruido… caos…
Otro día empieza. Habrá que agradecerle que aún seguimos aquí…