Más reciente

Recuerda no olvidar esto

Siempre me ha dado por escribir, cuando me siento bien o mal, y hace dos años escribí una lista de cosas que no debo olvidar sobre la vida, y que me acabo de encontrar por el ordenador haciendo limpieza. Creo que mi pensamiento era seguir ampliándola pero supongo que por circunstancias lo fui dejando (Recuerdo ese día que la escribí, y cómo me sentía en ese momento, recuerdo el momento y el lugar). Así que espero ir añadiendo cosas que considere importante. De momento me quedo con estas 42.

Lecciones de vida

# 1.  La felicidad a veces la encontramos en pequeños detalles.

# 2.  A veces saber perder es el camino para llegar a ganar.

# 3. Pensar en algo y no decirlo es como querer respirar y no poder.

# 4. La forma de ver la vida no es universal.

# 5.  Por mucho que te caigas, levantarte siempre será el único camino para seguir intentándolo.

# 6.  A veces nos preocupamos por cosas absurdas en vez de disfrutar de todos los momentos que nos brinda la vida.

# 7. Aprovecha todo el tiempo que puedas junto a tus seres queridos. Cuando ya no estén no habrá retroceso.

# 8. Mirar al horizonte y pensar en todo aquello que aún nos queda por vivir.

# 9. Ilusionarnos con pequeñas cosas que en algún otro momento no hubiéramos sabido apreciar.

# 10. Esa mirada que te dice que todo está bien.

# 11. Cerrar los ojos al pasado para poder abrírselos al futuro.

# 12. Soñar que estás viviendo la realidad y vivir la realidad como un sueño.

# 13. Pensar todos los días en 3 cosas positivas.

# 14. Cada instante que pasas con esa persona que se te pasan en segundos.

# 15. Pensar en todo lo que te rodea y sentirte dichoso.

# 16. El desconsuelo no arregla nada.

# 17. Las metas que nos proponemos son las que nos hacen llevar el rumbo y son el alma de nuestras vidas.

# 18. Intentarlo es mejor que pensarlo.

# 19. Las verdades dolorosas son mejores que las mentiras apacibles.

# 20. El verdadero significado de la vida se lo damos desde que nacemos hasta que morimos.

# 21. La tristeza nos hunde en un profundo dolor, pero también nos ayuda a recordar la felicidad que tuvimos.

# 22. Pedir perdón es ganar honor.

# 23. La filosofía de nuestra mente es la más fiel de todas las ideas.

# 24. La Vida. Crear es comprender. Y Ver es conocer. Pero es mejor ver que el conocimiento de nuestra creación es la comprensión de lo vivido.

# 25. Pensar en aquellas personas que pasaron por nuestro lado y guardarles momentos de nuestras vidas solo para recordarlos.

# 26. Mirar hacia atrás es más difícil que mirar hacia adelante y requiere mayor esfuerzo.

# 27. Ese momento de deliberar si estás haciéndolo bien o mal pero pensar que por lo menos lo estás haciendo.

# 28. Esos momentos de locuras por lo que te dan ganas de dejarlo todo.

# 29. Y esos momentos de recapacitación en los que ves que debes seguir con tus sueños por mucho que cueste.

# 30. Saber que quien más se enfada contigo es quien más se preocupa por ti.

# 31. Hacer algo con cariño pensando en esa persona.

# 32. Ver algo de hace años y recordar cómo eras entonces.

# 33. Pensar en alguien que está lejos de ti y sentir nostalgia.

# 34. A veces me pesan tanto las ideas que tengo que soltarlas.

# 35. Llorar solo no es tan malo, pero menos malo es llorar en compañía.

# 36. Desear ayudar a alguien tanto que te olvidas de ti mismo.

# 37. Creerte insensible cuando eres realmente vulnerable.

# 38. Darte cuenta de que los amigos de verdad son pocos, pero de buena calidad.

# 39. Soñar con alcanzar algo a veces muy lejano, pero ilusionarnos de solo pensarlo.

# 40. Aunque parezca que la vida te da la espalda, después serás recompensado.

# 41. Sentir una emoción y no saber por qué. No importa, vívela.

# 42. Las dudas recorrerán tus pensamientos pero siempre habrá algún motivo para que desaparezcan.

Anuncios

Tic Tac

….    ….    ….   ….   ….   ….

Me despierto, resignándome a abrir los ojos. … Silencio… Me concentro. …. tic…. tac …. tic …. tac ….

Intento abrir los ojos, debe ser aún de noche. La farola de la calle sigue encendida. No puedo ver más allá.

Creo que hoy te soñé, no lo sé, quizás es que ya no se cumplirán más sueños. Deslizo la mano hacia la otra esquina de la cama, buscando un suspiro de aire que me de tranquilidad…. Solo encuentro frío…. Retrocedo…. Mi parte está caliente, me siento bien, es mi cueva.

La melodía del tiempo sigue cantando … tic …tac ….tic …..tac…. Me concentro….. El mundo comienza a levantarse, coches, peatones… Yo sigo en mi cueva. Puedo escuchar al vecino. Su despertador. Resuena su voz por las paredes.

Intento seguir con el sueño, quizás te dejé indefenso en él. No puedo. Doy vueltas por la cama. ¿Que hora es? Enciendo el reloj, pero me ciega. Lo intento de nuevo. Las siete y cuarto. Todavía es temprano.

Entre las cortinas puedo ver cómo empieza a mostrarse la claridad de la mañana. Es un nuevo día. Me resigno, pero me levanto. Salgo de mi cueva. .. Frío… El suelo no suele agradecer la calidez de la mañana.

Entro en el baño y me miro al espejo – Hola, ahí estás- Otro día con la misma cara. El agua está helada, pero no sienta mal.

Voy hasta la cocina, enciendo la luz, esas luces que sólo tienen las cocinas y que no suelen ser muy cálidas a la vista. El aroma del café avisa de que hoy hay que hacer cosas importantes. El mundo espera que le aportes algo. Habrá que hacerle caso. Pero no sé si él querrá devolvérmelo pronto. Agarro la taza entre mis manos… Está caliente… El café tiene un sabor suave que te invita a reflexionar en todo lo que has hecho… Recuerdos…. No sé si sigo soñando.

Entro en el dormitorio. Miro mi cueva. Ya debe haberse enfriado. Escucho ruidos en la calle, niños, perros, coches… Parece que no estoy sola…  Me quito la ropa… Desnuda frente al espejo, puedo ver tu reflejo. Noto tus dedos, cálidos, acariciando mi cuello y deslizándose hasta la parte más baja de mi espalda, mirándome con esa carita de niño bueno y con esos ojillos que sólo los enamorados saben. Me giro… No estás… En mi espejo tampoco. ¿Sigo soñando?

Me visto, siento la ropa fría. Me concentro… el tic tac sigue sonando, sonido incesante de que la vida sigue pasando.

Me vuelvo a mirar al espejo. -Creo que ya estoy lista- Cojo el abrigo y abro la puerta, dejo atrás mi cueva, en la que tanto te he soñado.

Cruzo la puerta, el frío me abofetea, y me uno al tumulto de personas, cual borreguito con su rebaño.

Ya no escucho el tic tac… Me concentro… ruido… caos…
Otro día empieza. Habrá que agradecerle que aún seguimos aquí…

Sentimientos

¿Cómo me siento?

Me siento inútil por sentir lo que siento sin saber parar este sentimiento. Preferiría no saber ciertas cosas, pero las sé. Preferiría no sentir ciertas cosas, pero las siento. Es positivo, en parte, sentirlo. Significa que hay sentimiento.

No poder controlarlo hace que me sienta mal. Quizás sea yo, o quizás el corazón. Quizás sea ella, o quizás su corazón. Quizás sea él, o quizás su corazón. La cuestión es el sentimiento.

Impedir que fluya ese sentimiento es egoísta. Tiene que salir, quiere salir. Hay que regalarle al cuerpo su propia libertad. Hay que expresar con total armonía, para que haya paz.

Pero preferiría esconderlo. Cavar hondo y enterrarlo. Me siento mal, conmigo, con ella, con él…. No sé con quien, quizás con todos.

La vida me ha enseñado que tiene que haber un equilibrio. Yo estoy esperando mi parte positiva. Aunque de lo negativo puedo sacar algo positivo: IDEAS. Aclarar ideas. Pero… ¿el sentimiento…? El sentimiento siempre acompaña, está en todos los aspectos de nuestra vida.

¿Esconderlo? Es inútil. Quizás pueda sacar algo positivo. Quizás lo positivo sea el sentimiento.

Un sentimiento siempre conlleva una emoción, buena o mala, pero eso es lo humano. Mi equilibrio vital está minado de sentimientos, de emociones, de razones, de ideas…. Así que no estoy sola, estoy rodeada de sentimientos y de mucho más, mis ideas, mi alma. Y ellos son los que me entienden, porque los siento.

La fotografía más cara del mundo

Hace cosa de un año, salió en subasta una fotografía la cual dio como resultado ser la más cara del mundo. Vendida por un total de 4,3 dolares (unos 3,2 millones de euros) , su autor,  Andreas Gursky (Leipzig-Alemania, 1955) retrató esta panorámica del rio Rhin allá por el año 1999, imagen que tiene por título “Rhein II “.

Rhein II

Se trata de una composición lineal, geométrica de colores fríos y con unas dimensiones de 155,6 por 308,6 centímetros montada en plexiglás. La fotografía tenía un precio de salida de entre 2,5 y 3,5 millones de dólares y fue adquirida por un comprador anónimo en la casa Christie’s en Nueva York. Christie’s afirma que la pieza “es una obra maestra de escala e icono del aura del autor” en la que Gursky “evoca lo sublime con una perfección pasmosa de color y líneas a través de la invocación de un paisaje aparentemente natural“. Vamos, muchos palabros que quedan muy bonitos así dicho por alguien que se supone que sabe del tema.

Rhein II desbanca del primer lugar de la clasificación de fotos más caras de la historia a la estadounidense Cindy Sherman (1954), por cuya foto Untitled #96 se pagaron 3,9 millones de dólares (unos 2,4 millones de euros) en otra subasta de Christie’s en mayo pasado.

Untitle #96

Sherman había arrebatado el récord al propio Gursky, quien en 2007 vendió 99 Cent II Diptychon por 3,35  millones de dólares (2,3 millones de uros).

99 Cent II Diptychon

Una simple fotografía de un río, o de un supermercado se puede convertir en la más cara del mundo. Para mi gusto, he visto fotografías mejores, pero supongo que aquí lo que contará será el prestigio que tenga el autor y Gursky es uno de los fotógrafos más cotizados del momento. Muy pocos podrán decir que en más de una ocasión sus fotografías se han convertido en la más cara del mundo. Todo un honor y por supuesto alegría (para el bolsillo).

La indefensión aprendida de nuestros tiempos

Hoy os quiero hablar de un tema que se aborda en gran parte de la vida de las personas, aunque muchas veces de forma inconsciente como veremos más adelante. Es un tema que también hace su presencia en diferentes planos sociales, no sólo el personal, sino también el colectivo.

Del concepto que os vengo hablar es de la indefensión aprendida (learned helplessness).

Fue postulada por el psicólogo y escritor norteamericano Martin Seligman, donde en un experimento con dos grupos de perros en diferentes jaulas podía comprobar cómo este fenómeno se manifestaba, provocando diferentes reacciones comportamentales. Los grupos tenían diversas características:

Grupo 1: El perro se encontraba dentro de una jaula, donde cada cierto tiempo recibía una descarga eléctrica. El animal tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga.

Grupo 2: Misma situación que el anterior, con la diferencia de que el animal no tenía medios para evitar esa descarga. Hiciera lo que hiciera siempre recibía la descarga.

Posteriormente, al grupo 2 se le dió la oportunidad de accionar la palanca para evitar la descarga. Lo que sucedió fue que los animales no mostraron ningún tipo de respuesta. Habían aprendido que no podían evitarla, y precisamente ese estado de inactividad fue lo que explicó el fenómeno de la indefensión aprendida.

Podemos resumir por tanto, que la indefensión aprendida se basa en un estado donde el sujeto no INTENTA escapar ni evitar una situación o estímulos aversivos (perjudiciales) aunque tenga la oportunidad de hacerlo, ya que se ha visto condicionado por una experiencia previa con resultados fallidos.

El sujeto siente que nada de lo que haga supondrá un resultado favorable para su situación, no experimentará ningún efecto cambiante en el ambiente y tomará su conducta como irrelevante (sin control sobre el medio), lo que le llevará a la inactividad de respuestas. Se puede considerar como un déficit en el aprendizaje posterior, es decir, hace que sea más difícil aprender que se puede detener o evitar esa situación aversiva.

Podemos apreciar este fenómeno no sólo en conductas animales, sino también en humanos. Para ilustrarlo mejor os voy a dejar un vídeo que refleja perfectamente este comportamiento de bloqueo. Se trata de una profesora que induce a un grupo de alumnos la indefensión:

Cuando estamos sometidos a una situación incómoda o dolorosa en la que no tenemos el control, podemos hablar de indefensión aprendida. Como es inútil luchar, dejamos de hacerlo, y aunque más adelante nos surja la ocasión de cambiar las cosas ya no nos molestamos en intentarlo, porque lo asumimos.

Hay veces en las que las situaciones son bastante graves.  Supongo que todos hemos oído alguna vez algún caso sobre violencia (pongamos en una pareja) en la que la persona “se dejaba” maltratar. Hay que tener mucho cuidado en estos casos, ya que la persona, además de estar hundida físicamente, lo está moralmente. La víctima acaba pensando que es inútil resistirse y acaba abandonando la posibilidad de buscar una vía de escape.

Ahondando aún más en el tema, podemos apreciar el fenómeno de la indefensión aprendida en hechos históricos de la humanidad tan atroces como fue el holocausto judío. Este hecho se me viene a la cabeza a raíz de ver el otro día la película “El Pianista” por segunda vez.

Muchos nos habremos preguntado alguna vez “¿Cómo es posible que miles y miles de personas (unos 6 millones para ser más extactos) fueran llevados a campos de concentración, cámaras de gas, asesinadas y torturadas sin que nadie pudiese hacer nada para evitarlo?” o “¿Por qué los propios judíos no se rebelaron para plantarles cara a sus opresores si les superaban en número?”

Quizás podríamos encontrar un leve destello en la célebre frase de Edmund Burke (1729-1797), que decía:

 “La única cosa necesaria para el triunfo del mal es que las personas buenas no hagan nada”

Sí que hubo algún enfrentamiento y actos de rebelión por parte de los judíos, pero no fueron los suficientemente fuertes para acabar con la barbarie.
Quizás las falsas expectativas y la idea de que la sumisión y el trabajo podían ser causas de salvación, fueron algunas de las barreras que impidieron una revolución a gran escala. Por no hablar del agotamiento físico y psicológico que dificultaba cualquier expectativa que fuese más allá de garantizar la supervivencia del día a día.

Los judíos eran conscientes de la situación de injusticia hacia ellos y quizás aguardaban la posibilidad de que sus opresores tuvieran algún límite que terminara con tal tortura. Pensaban que cualquier respuesta era inútil y que actuar contra ellos agravaría aún más el problema.

Después de este salto al pasado, quiero volver a nuestros tiempos, como bien dice el título del post. A nuestro presente. No parece tan descabellado establecer una analogía entre esta situación del pueblo judío y la del pueblo español, donde nos encontramos inmersos en una crisis económica. Hablamos de establecer una comparativa entre ambas reacciones, no entre ambas situaciones, que distan mucho entre sí. (Hay que dejarlo claro).

En España la cifras de paro oficiales alcanzan ya cotas desorbitadas, tenemos unos servicios sociales cada vez más deficitarios, los impuestos se incrementan más y más, los recortes son cada vez más notorios, ¿sanidad y educación? mejor ni hablar. Los jóvenes (la generación más preparada) con formación e idiomas emigran, los jóvenes con formación y con no muy buen nivel de idiomas quedan atrapados en el país. No encuentras trabajo porque no tienes experiencia, y no tienes experiencia porque no tienes trabajo. Los ancianos cobran pensiones de 400 euros, necesitan medicarse (como seguramente todos debamos hacerlo el día de mañana), pero suben los precios, y si quieres un especialista no hay, recortes… menos personal… “Aguántese y no se queje” sería el lema. La justicia juzga y condena a jueces que investigan casos de corrupción y crímenes; y en cambio deja a asesinos y corruptos en libertad. “Apoyamos lo ilegal, condenamos lo legal” sería aquí el lema. La monarquía tiene a uno de sus miembros imputado por estafar y hacer negocios sospechosos. Otro de la monarquía “lo siente mucho y dice que no volverá a ocurrir” Se desahucia a la gente que no puede pagar la hipoteca, se quedan sin casa pero siguen manteniendo la hipoteca.

Muchas personas y familias están al borde de la exclusión social. El dinero (que no el derroche) da oportunidades. Dicen que el futuro puede ser peor, y ahí llega el sentimiento de frustración, de fracaso y de impotencia.

Muchos de nosotros tenemos asumida esta situación de descontrol, algunos hasta creen que la merecemos.  Pero existe otra parte de la sociedad. La que dice que nos representan, y que representa todo lo que se ha expuesto anteriormente. Estas personas que parecen estar en otro mundo paralelo, donde no ves la crisis reflejada en sus ojos. Algunos trabajaron, estudiaron y se formaron, y la mayoría mintieron y estafaron, así que por supuesto tienen un buen puesto (“de trabajo”). Podríamos dedicar una líneas al concepto de trabajo para ellos, pero no creo que sea necesario. Lo que sí diré es que a mí una persona que dice estar representando un país en crisis, tenga las arcas de su bolsillo a rebosar gracias al dinero público, me parece la mentira más grande que hay.

Pero claro, realmente la culpa es nuestra. Nosotros votamos una y otra vez  a quienes nos han dejado esta situación. Hemos sido una pelota para ellos, de un lado para el otro, con un intento de convencimiento de que tienen la solución. Piden esfuerzos y que nos apretemos el cinturón, pero ellos lo llevan bastante suelto.

Ocultan la verdad y manipulan la información No les interesa que tengamos conciencia. No le interesa que seamos personas. Una cita muy acertada que dijo Henry Ford fue la siguiente:

“Es bueno que los habitantes de la nación no entiendan nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo hicieran, creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana.”

Y no se equivocaba.

Los alemanes tenían la estrategia del terror instaurada, y los judíos la indefensión aprendida. Finalmente alguien se apiadó de ellos.

Los dirigentes políticos españoles tienen la estrategia de que hemos vivido bien y ahora hay que sacrificarse, y los españoles la indefensión aprendida. Para salir de esta situación nadie se va a apiadar de nosotros, si no lo hacemos nosotros mismos.

Hay que cambiar de estrategia, no sentirnos indefensos y actuar.